Quisieron jugar a GTA en la vida real y mataron a varias personas
Por Kifflom! ·
¿De verdad los videojuegos violentos pueden convertir a una persona en un criminal?
Es una pregunta que lleva décadas repitiéndose, especialmente cada vez que un crimen real parece tener alguna relación con un videojuego famoso. Para muchos, títulos como Grand Theft Auto representan una influencia peligrosa; para otros, no son más que ficción interactiva, un entretenimiento sin consecuencias reales.
A lo largo de los años, varios asesinatos han sido vinculados directa o indirectamente a juegos de Rockstar Games, alimentando titulares, debates y demandas judiciales. Pero ¿son realmente los videojuegos los responsables de estos actos, o simplemente el chivo expiatorio perfecto para tragedias mucho más complejas?
En este artículo repasamos algunos de los casos más polémicos y analizamos hasta qué punto la violencia virtual puede, o no, cruzar la frontera hacia la realidad.
El Caso de Williams y Josh Buckner:
El 25 de Junio de 2003, los hermanastros adolescentes William y Josh Buckner dispararon a diversos conductores, matando a Aaron Hamel e hiriendo a Kimberly Bede. Los adolescentes afirmaron que sus acciones se inspiraron en el videojuego Grand Theft Auto III.
Los dos adolescentes, William y Josh Buckner, de 16 y 14 años, respectivamente, abrieron fuego contra vehículos en la carretera interestatal 40 en Tennessee, con un rifle del calibre 22, matando a una persona e hiriendo gravemente a otra.
Una vez ambos jóvenes fueron detenidos por la policía, confesaron que, por aburrimiento, imitaron su videojuego favorito, matando al enfermero de 45 años llamado Aaron Hamel. La familia de la víctima demandó a la editora Take-Two Interactive, responsabilizándola por la muerte.
En respuesta, el 20 de Octubre de 2003, las familias de Hamel y Bede presentaron una demanda de 246 millones de dólares contra Rockstar Games, Take-Two Interactive, Sony Computer Entertainment y Walmart.
El juez determinó que los adolescentes habían hecho algo extraordinariamente estúpido, pero sin intención de herir a nadie. Will y Josh se declararon culpables de homicidio imprudente, peligro imprudente y asalto agravado siendo condenados en un centro de menores.
El Caso Devin Moore:
Junio de 2003, Alabama. Grand Theft Auto: Vice City acababa de llegar al mercado y arrasaba en ventas y críticas. Mientras millones de jugadores disfrutaban de la historia de Tommy Vercetti, un joven de 18 años llamado Devin Moore desarrolló una obsesión extrema con el juego.
Tras robar un coche en la vida real, Devin fue detenido. En comisaría, mientras hablaba con un agente, pronunció una frase que marcaría la historia de los videojuegos:
“La vida es un videojuego. Todo el mundo tiene que morir en algún momento.”
Aprovechando un descuido, arrebató el arma al policía y le disparó en la cabeza. Después mató a otros dos agentes, robó un coche patrulla y huyó hasta ser finalmente detenido.
Tres policías murieron aquella noche. Rockstar Games y Sony se enfrentaron a una de las demandas más graves de la historia del sector. Devin Moore fue condenado a muerte el 9 de octubre de 2005.
En este caso, si el juez hubiera tomado otra decisión, este crimen habría cambiado para siempre la industria del videojuego.
El Taxista Tailandés:
Comparar un videojuego con la realidad no es sencillo. Los jugadores imaginan cómo debería reaccionar un cuerpo ante un disparo, una herida o un accidente, pero la realidad es infinitamente más compleja y cruel. Aun así, hay quienes deciden comprobarlo por sí mismos.
Otra historia sobre personas que quisieron jugar GTA en la vida real y terminó de forma trágica es la ocurrida en Tailandia donde la víctima fue un taxista, de hecho GTA IV fue retirado el 18 de agosto de 2008 tras conocerse el asesinato de un taxista a manos de un joven que quería comprobar si robar un taxi y matar a su chófer era tan fácil como hacerlo en el videojuego.
El asesino admitió ser un admirador del videojuego, lo que fue suficiente para que las autoridades tailandesas culparan a Grand Theft Auto IV y procedieran a retirar el juego del mercado. El autor de este crimen fue acusado de homicidio en primer grado, atraco a mano armada y posesión ilegal de armas, delitos por los que pudo ser condenado a muerte o cadena perpetua. Se desconoce el final de este joven.
El Caso de Eldmon Samuel:
En marzo de 2014, Eldon Samuel, de 14 años, asesinó a su padre y a su hermano menor en un crimen de una brutalidad extrema. Tras una discusión con su padre, Eldon respondió a un empujón agarrando una pistola del calibre .45 y disparándole en el estómago. Aunque el disparo no fue mortal en el acto, su padre logró arrastrarse hasta otra habitación, donde su propio hijo le disparó finalmente en la cabeza.
Después fue a por su hermano de 13 años, que se escondía bajo una cama. Le disparó con una escopeta y, por si no fuera suficiente, lo remató con un cuchillo y un machete.
Durante el interrogatorio, Eldon afirmó haber actuado en defensa propia. Denunció malos tratos por parte de su padre, agravados tras el abandono de su madre y el diagnóstico de autismo de su hermano pequeño. Según su versión, aquel día todo explotó.
Pero hubo una declaración que hizo que este crimen quedara inevitablemente ligado al mundo de los videojuegos: Eldon confesó haberse inspirado en Trevor Phillips, personaje de Grand Theft Auto V, como forma de “liberar estrés y resolver problemas” disparando a la gente. También mencionó la conocida regla del “mata y remata”, aprendida en videojuegos y series como The Walking Dead, para justificar el disparo final en la cabeza de su padre.
Eldon Samuel fue juzgado como adulto y condenado a 20 años de prisión.
El Caso Cody Posey:
Ese mismo año, en Nuevo México, Cody Posey, también de 14 años, asesinó a su padre, madrastra y hermanastra tras soportar durante años abusos físicos y psicológicos. Después de una discusión en la que fue abofeteado, Cody entró en la casa con una pistola y disparó mortalmente a su padre y a su madrastra. Finalmente, mató a su hermanastra para evitar que alertara a la policía.
Cargó los cuerpos en una excavadora, los enterró y huyó a casa de un amigo, donde sería detenido al día siguiente.
Este caso fue especialmente relevante porque llegó a los tribunales con Rockstar Games como objetivo indirecto. El abogado Jack Thompson, conocido activista contra los videojuegos, sostuvo que Cody había sido “entrenado” por Grand Theft Auto: Vice City, al que describió como un simulador de asesinatos.
La industria volvía a estar en el punto de mira.
El Asesinato de Marie Smoot:
En Slaughter, Luisiana, un niño de tan solo ocho años asesinó a su abuela de 90 con un arma de fuego. La víctima, Marie Smoot, fue declarada muerta en el mismo lugar de los hechos, un parque de caravanas. En un primer momento, el menor aseguró que el disparo fue accidental mientras jugaba con una pistola real. Sin embargo, la investigación concluyó que el disparo fue deliberado.
Lo que captó inmediatamente la atención de los medios fue un detalle concreto: minutos antes del homicidio, el niño había estado jugando a Grand Theft Auto IV en una PlayStation 3. La declaración oficial de las autoridades afirmaba que se trataba de un videojuego “realista”, asociado con el fomento de la violencia y que recompensaba al jugador por matar personas.
Aquellas palabras bastaron para que, de cara a la opinión pública, el videojuego se convirtiera en el principal culpable, sin embargo, a nadie pareció resultarle extraño que ese arma se encontrara en esa casa y al alcance de un menor, como siempre, cuando ocurre una tragedia con armas de por medio, se cuestiona cualquier cosa, excepto la accesibilidad a las armas en ciertos paises.
En cualquier caso la pregunta seguía en el aire:
¿fue realmente un acto premeditado o un accidente trágico protagonizado por un niño incapaz de comprender las consecuencias de sus actos?
Debido a su corta edad, el menor fue eximido de toda responsabilidad penal y devuelto a sus padres. El debate, sin embargo, no terminó ahí.
Con Vice City, San Andreas, GTA V o GTA VI, la pregunta sigue siendo la misma:
¿crean los videojuegos violentos a los monstruos de nuestra sociedad?
Entre todos los casos mencionados hay una coincidencia clara… y no es la edad. 8, 14, 19, 18 años... Niños, adolescentes y jóvenes adultos. Lo único que no comparten es una estabilidad emocional y mental saludable.
Quizá el fallo no esté en la existencia de videojuegos violentos, sino en cómo se clasifican y a quién se permite acceder a ellos. Tal vez la clasificación por edad no sea suficiente. Una persona con graves problemas psicológicos puede verse incitada por un videojuego, una película, una serie o incluso una situación cotidiana de estrés.
Porque, al final, el detonante puede variar, pero si el monstruo está dentro, tarde o temprano encontrará la forma de salir. El problema no es el juego ni la edad a la que se juega. El problema es la persona… y lo que hay en su cabeza.
Si te interesa el tema puedes ver el documental completo en Youtube: